El mundo por pasarela

“Voy a tomarme el mundo como una inmensa pasarela” pensó mientras miraba los stilettos que había comprado la tarde antes de emprender ese viaje. No se trataba de una huida sino de una búsqueda de sí misma, de la mujer que había sido y que había perdido por el camino, de la mujer que era.

Se había dejado llevar por la vorágine de una vida que no le llenaba, había olvidado sueños y esperanzas que la hacían feliz para vivir en un “mundo perfecto” según muchos, un mundo esclavo según ella. Una pareja perfecta, un trabajo que muchos envidiaban dadas las circunstancias, los bienes materiales que parecía necesitar…un mundo estable, al fin de cuentas. Pero no era su mundo, no el que ella necesitaba: quería a su lado a un hombre imperfecto pero que, en cambio, fuera capaz de hacerla sentirse amada con tan solo una sonrisa; no quería un trabajo, quería una ilusión, un lugar donde se sintiera tan plena que el tiempo pasara como si de un juego se tratara. Quería escribir y eso era lo que iba a hacer en adelante.

Torció el gesto pensando en lo que habían dicho los demás cuando les dijo que lo dejaba todo y se marchaba por un tiempo. Locura, insensatez, inmadurez…todas aquellas palabras que tan bien cabían en una sola: incomprensión. Sacudió la cabeza y recordó las palabras de su abuela: “no te preocupes por un mundo gris, vuela y llena tu vida con el color de la felicidad”.

Aquellos zapatos parecían el punto de partida. Unos zapatos diseñados para comerse al mundo, le había dicho la dependienta en su afán por vender; pero para ella aquellas palabras iban más allá. Salió de la tienda con sus zapatos nuevos en la bolsa, se dirigió a la agencia de viajes y pidió un billete para la ciudad donde sus sueños pudieran hacerse realidad: “entonces quieres ir a París” le dijo el hombre que la atendió mientras le guiñaba un ojo cómplice. Y allí estaba, en una coqueta habitación de un hotel parisino, sentada en la cama envuelta con el dulce abrigo de un cálido albornoz, mirando los zapatos que tenía entre sus manos y sonriendo.

Dejó sus joyas en la caja nuevamente y se vistió con mimo. No hacía falta más que unos cómodos jeans y una discreta blusa blanca. Cubrió su cabeza con un borsalino negro de fieltro con una pequeña pluma y metió en su bolso aquello que le haría falta: algo de dinero, su ilusión, el móvil, su alegría, un brillo de labios, su belleza serena y unas grandes gafas de sol. Se calzó unas cómodas manoletinas, cogió su cuaderno y salió de la habitación.

Antes de cerrar la puerta volvió a mirar a la habitación y los vio de nuevo, dentro de su caja. Entró y sonriendo los cambió por sus manoletinas y salió a la calle. Un tibio sol de primavera iluminó su rostro y pensó que aquel era un buen comienzo para escribir su historia.

4 Comentarios

  1. Es algo que a todos nos gustaría. Tanto si es en buen momento de nuestra vida, como si no lo es. Brindo por el recomenzar. Apostar por lo sueños!! adelante con ello. Un saludo!! ( Me ha gustado mucho)

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