Tu eliges

Ayer se me rompió una de mis chanclas en medio de la calle

Había salido a hacer unos recados y no había andado ni 50 metros cuando mi chancla izquierda decidió que su vida había llegado al fin. Con gran resignación me di media vuelta y fui descalza hasta casa para cambiarme.

Os parecerá una situación entre absurda e irrelevante pero a mi me vino genial para compartir con vosotros esta reflexión.

reflexion motivacion capacidad de elegir
Última imagen de la susodicha con vida

Muchos no compartirán mi opinión (lógico) pero, incluso ante algo tan tonto como que se parta un zapato, tenemos la capacidad de elegir cómo reaccionar.

Hace un año (o incluso menos tiempo pero no iría en chanclas, así que dejémoslo así) la rotura de mi chancla me hubiera amargado el día entero y hubiera dicho frases del tipo “todo me pasa a mi”. Además, mi enfado se hubiera reflejado en mi actitud con los demás y les hubiera dado un día de perros.

Sin embargo, en esta ocasión, mi reacción fue diferente. Me puse a reír en medio de la calle, me volví a casa con la difunta en mi mano y su compañera en mi pie (un cuadro verme) y me cambié de zapatos con total tranquilidad. No tardé ni cinco minutos y tuve un día fantástico.

¿Veis la diferencia? Cinco minutos frente a todo un día.

Vivimos centrados en grandes planes y grandes obras pero, el día a día nos demuestra que la diferencia está en los pequeños avatares. Aunque nos parezca mentira, está en nuestras manos cambiar las cosas. No podemos hacer que no se parta la chancla (había llegado al fin de su vida útil tras 4 veranos) pero sí podemos hacer que este inconveniente no amargue nuestro día. Estas decisiones, al principio, serán conscientes pero, con la práctica, las haremos automáticamente y nos harán la vida más fácil.

Es fácil, os lo aseguro. Sólo tienes que convencerte de que lo difícil es pasar un día entero enfadado por algo que no estaba en tu mano impedir. ¿Qué culpa tendrá el señor del autobús de que se te rompa un zapato? Pues si eliges enfadarte, le vas a dar una mala contestación y esto se irá trasladando de uno a otro creando una cadena de malrollismo enorme (del señor del autobús a otro pasajero que es carnicero y que cuando llegue a su comercio le hablará mal a la señora que va a comprar, que a su vez lo pagará con el panadero,…). ¿Merece la pena teñir de gris un día que puede ser maravilloso?

¡Ahí te dejo la decisión, Tú eliges!

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