El costurero de viaje

Hace unos días mi abuela me regaló una carterita que, cuando la abrías, llevaba un completísimo kit de costura para llevar en el bolso. Hilos de varios colores, dos o tres botones de nácar, unas tijeritas, unas agujas y algún imperdible. Todo lo necesario para un siete imprevisto en medio de la calle.

Costura Sexismo Abuela

Cuando me lo dio me dijo “yo sé que estas cosas no te gustan mucho pero es un recuerdo mío”. Y me sonreí porque es verdad que es un recuerdo suyo pero no era verdad que esas cosas “no me gustaran mucho”.

Cuando era pequeña mi abuela intentó enseñarme a coser. Aprendí a hilvanar, a pespuntear a mano, a hacer ojales, a coser botones, coger un bajo y recuerdo que hasta intenté hacerle una falda a mi Nenuca pero no sé si salió o no. A la vez, mi madre me daba cursillos acelerados de punto de cruz, hice un cuadro para una prima recién nacida y acabé tan harta de dar puntadas que no he vuelto a hacerlo.

Con la adolescencia y la poca rebeldía que me he permitido tener, dejé los útiles de costura a un lado. Yo no quería ser una “mujer de mi casa” como decía mi abuela sino una ejecutiva de película americana…aunque me faltaban medidas para llegar a eso. Y luego estaban los viajes y esos botones que se caían en el peor momento.

Lo cierto es que cuando cogí el mini costurero en la mano, me acordé de todo eso y sonreí (aunque no se lo dije a mi abuela).

costura sexismo abuela

Nos empeñamos en separar las tareas por sexos. Primer error. Nos empeñamos en creer que si hacemos algo, aunque sea por gusto, continuamos con los estereotipos. Segundo error. Y vivimos como si los botones nunca se cayeran. ¡Gran error!

Ya en serio. Ahora al cabo de los años me doy cuenta que entre libro y libro tenía que haber dejado a mi abuela enseñarme a coser porque hubiera sido otra de esas herencias inmateriales que me habría dejado y que me habría llenado de recuerdos. Tenía que haberla dejado ser mi maestra de agujas porque en los últimos tiempos, coser ha sido una terapia para mi, haciendo que me sintiera útil. Pero, sobre todo, tengo que reconocer que no me he sentido una maruja ni me ha parecido romper la cadena evolutiva de la mujer (además de que me he ahorrado el disgusto de que alguien lleve el mismo modelito que yo).

Defendemos ideas sobre el sexismo y el papel de la mujer que, desde el principio, están condenadas al fracaso. No le damos normalidad a las situaciones cotidianas sino que las hacemos más extraordinarias de lo que realmente son para defender unas premisas que nos hagan creer que tenemos la razón por encima de la razón misma. No es sexista que yo quiera aprender a coser, lo sexista sería que prohibieran a las mujeres la formación académica o el acceso al mercado laboral, las diferencias salariales o negar oportunidades. Coser, al final, sólo es una anécdota y si no, que le pregunten a Yves Saint Laurent.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.