¡Se armó el Belén!

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Como en aquella entrañable película de Paco Martínez Soria que todos, más o menos veces, hemos visto en Cine de Barrio, en Madrid se armó el Belén.

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Para los desmemoriados, en el largometraje de José Luis Sáenz de Heredia, un cura de un barrio humilde pretende montar un Belén viviente para modernizar su apostolado y sólo encuentra reticencias en un lugar donde los movimientos más revolucionarios ganan por goleada. Igual que quieren hacernos creer hoy.

Y en Madrid, como en la película, se armó en mayúsculas pero en unas mayúsculas muy peculiares porque está formada por decenas de pequeñas minúsculas, decenas de Belenes que, los madrileños, han dejado en la Puerta de Alcalá (mírala, mírala) en protesta por la supresión, por parte del Ayuntamiento, del que tradicionalmente ocupaba aquel emblemático lugar. 

Para los que no lo sepan, el origen etimológico de la palabra Navidad es nativitas que, en latín, significa, ni más ni menos, que nacimiento. Una Navidad sin nacimiento, no es Navidad.

Lo de “Navidad laica” que muchos se han sacado de la manga, se pongan como se pongan, no es Navidad. Es más, ni siquiera existe. Se puede llamar solsticio, se pueden llamar fiestas de invierno pero, como su propio nombre indica, Navidad es nacimiento. Pero si vamos a seguir llamándole a todo Navidad, vamos, por lo menos, a ser tolerantes.

Que el Gobierno (o en este caso el Ayuntamiento) es el mismo para todos es indudable, como también lo es que no se pueden hacer oídos sordos a un sector de la población que reivindica su derecho a vivir la Navidad como lo siente y que así se lo reconozca su consistorio, igual que se lo debe reconocer a cualquier otro sector. Ni más ni menos.

Canciones navideñas en inglés (perdonadme pero para mí, no son villancicos), luces asépticas de cualquier contenido religioso, dibujos de galletas de jengibre (que ya me contaréis cuántos de vosotros las tienen en casa en estos días)…lo que cada uno quiera poner me parece bien, de verdad, pero ¿por qué algunos se empeñan en que no puedan convivir ambas formas de celebración?

Si se pregona a voz en grito que es época de paz, de amor, de buenos deseos y tolerancia…¡Ah no, que la tolerancia se quema en cada chimenea con calcetines navideños colgados! Curiosamente, esa misma tolerancia que se pregona, se pide y se vocifera para otros pero que, a la hora de la verdad, no se ejerce.

En Madrid se armó el Belén con un movimiento silencioso y pacífico. En Sevilla, nuestro Belén barroco bajo el arco del Ayuntamiento (obra de Fernando Aguado al que felicito, me ha encantado). Y cada uno que, en conciencia, coloque lo que quiera pero oye, dejad al resto, tengamos la fiesta en paz que, para grescas, con el cuñadismo de cena, tenemos bastante. 

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