Déjame creer en paz

Soy irracional, qué le vamos a hacer.

No quiero tener una mente cuadriculada y racional que me haga creer sólo en lo que veo.  No necesito pruebas de muchas cosas como de que mi color favorito es el negro.

Es justo al revés, como irracionalmente sé que mi color favorito es el negro entonces me compro ropa en este color. Lógica aristotélica que los doctos parece que no estudiaron.

Quiero ser irracional y quiero que me dejen creer en paz. En lo que yo quiera, sin que me juzguen ni me miren mal. Quiero que me dejen vivir “my way” que diria Sinatra o “Mi Vida es Mia” que cantaría Sal Marina.

No quiero convencerte y no quiero que me convenzas. Si tu eres feliz con tu vida, ¿por qué no puedo serlo yo con la mía?

Das por supuesto que necesito que me saquen de mi error porque soy inculta…tampoco tengo que hablarte de mi curriculum pero si algo he hecho en mi vida es leer y oye, he leído a muchos ateos.

Das por supuesto que eres un ser superior y que tu supremacía te da el derecho a decirme o mejor, a imponerme, en qué debo creer…esto es el 1984 de Orwell por lo que veo.

Criticas mis expresiones externas cuando yo respeto a todas las que haya. Me da igual que sean de deportes, de música, de política…tu ocupas el espacio igual que yo y, aunque tu altivez no te deje verlo, molestas igual que yo.

Pero de verdad, déjame en paz. No necesito tus sermones racionales. Necesito sentir un consuelo cuando me encuentro sola, hablar con algo que, para empezar, no me intente imponer su opinión y no, tampoco quiero tu ayuda, para eso tengo amigos. Necesito sentir que hay algo más porque si no es así, de verdad, no vale de nada todo lo que hacemos en la vida.

Creo en Dios, ¿y qué? ¿Te hago daño? ¿Necesitas que yo sea de otra forma? Porque a mi, si me caes bien, no necesito cambiarte, simplemente con no hablar de ello, podemos pasar un día magnífico. Y, tranquilo, no te voy a obligar a rezar el rosario ni a venir a misa, para eso no necesito a nadie.

No me importa si crees, si no crees o en qué crees…si estoy a tu lado es porque mereces la pena con o sin Dios. Tampoco me importa a quien votas, ¿eres buena persona? Entonces todo irá bien.

Me vas a hablar de los errores de la Iglesia, lo sé, conozco tus charletas. Pero mira, esos fallos también los veo yo y desde mi posición, intento que eso cambie. Justo como si fuera un gobierno o como mi propia vida. No, ser creyente no me hace ser ciega y no crítica.

Déjame estar orgullosa de mis raíces, de mis tradiciones y de mis creencias, las tuyas me dan igual.

Seguro que esperas que te tache de hijo de puta y que me enfrente a ti para que puedas seguir vomitando tu racionalidad, que así lo llamas, aunque yo creo que es simplemente odio por todo y por todos los que no son y piensan como tú.

Y de que me dejes ser andaluza, mejor hablamos otro día.

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