Sevilla ya no cree en Dios

Hace más de un año, empecé a escribir esta reflexión tras ver al Señor de Sevilla pasearse en una mañana de otoño por una ciudad que, sin vallas, sin sillas, sin voceríos ni supuestas peleas de gallo por calle Arfe, congregraba a más de 200000 personas de todas las edades. Más de un año esperando en mi ordenador. No vió la luz…qué curioso. Más de un año esperando que algo cambiara…más de un año con nuevos disturbios y nuevas extraordinarias.

Por aquel entonces me preguntaba dónde estaba el problema. ¿Sería culpa del pachín pachín o, mejor, de su ausencia? ¿Sería que Dios andaba de frente, sobre los pies, como sólo su zancada sabe hacerlo?

Más de un año y nada ha cambiado. O tal vez haya ido a peor.

Hace un año reconocía que la culpa no era de las bandas ni de los cambios al andar los pasos sino de nosotros mismos. Somos sólo nosotros, unos desde fuera y otros muy desde dentro, los que nos equivocamos una y otra vez. No me llaméis rancia, Dios me libre de querer verlo todo como cortejo fúnebre, pero sí defiendo que, a cada cosa, su respeto.

Pero qué queréis que os diga, sólo he podido llegar a una conclusión. Sevilla ya no cree en Dios.

Dentro de la fauna que habita entre las Hermandades o el mundo semanasantero de Sevilla, los kofrades corren el riesgo de ganar por goleada. Público que no sabe a dónde va y vocifera delante de las imágenes o mejor, le da la espalda porque sólo le interesa “el solo to guapo que va a hacer la banda” o, para rizar el rizo, que se sienta tres horas antes en un cruce de calles impidiendo que el resto pueda andar porque “aquí le hacen cosas mu bonitas al cristo”. A veces tengo la sensación de que media Sevilla es kofrade por aburrimiento. No tenemos “na” mejor que hacer así que vámonos a ver pasos que es un plan barato y además la Semana Santa de Sevilla es la mejor del mundo…así nos luce el pelo.

Y junto a los kofrades, los hooligans.

Haciendo un simil futbolero, a mi me gusta que mi Hermandad gane hasta en las repeticiones del Correo TV. Pero no soy yo de defender lo indefendible y mi Hermandad (o Hermandades) se equivocan y no pasa nada (y si pasa, se le saluda).

Hooligans son aquellos que te siguen diciendo ¿tú eres de la Macarena o de Triana? Porque en una eterna Sevilla dual, o de una o de otra, como o se es del Betis o se es del Sevilla. O aquellos que te siguen diciendo, ¡mi Hermandad es la mejor porque sacamos más nazarenos y vamos estrenando un palio nuevo, 12 ciriales, todas las varas, le hemos metido al misterio 15 figuras más y vamos a sacar una cruz de mayo de viejas glorias costaleriles!

¡Toma ya! Como si Dios hubiera venido para compararse y escuchar solos de corneta. Como si no fueran él mismo y María no fuera la misma madre. Como si hubiera Hermandades de primera o de segunda. Como si estuviéramos a punto de lanzar un penalti contra el eterno rival. Como si al final todo se redujera a “a quién queremos más, a papá o a mamá”.

En Sevilla ya no se cree en Dios. En Sevilla se cree en modas, en árboles, en bandas y en capataces. Lo digo como lo siento, mal que me pese.

¿Queréis más muestras que las “críticas” insanas a los que han osado decir que no veían una Sacra Conversación en un besamanos de adviento? Os juro que la mejor respuesta que leí fue un señor diciendo que, “por esa regla de tres, tampoco las dolorosas deberían tener besamanos el día de la Inmaculada”…porque claro, la pureza de María se agota en la cruz del Hijo…vaya desconocimiento de lo más básico que ha defendido siempre Sevilla, el Dogma Concepcionista.

¿Más ejemplos necesitais? Rasgaduras de vestidos cuando una banda de fuera ha ofrecido pagar por tocar en Sevilla. Cómo si nunca las bandas hubieran donado…o hasta movido los hilos de los cabildos para votaciones importantes. Que da igual que la banda sea de la Hermandad o con contrato, se han usado, se usan y se usarán.

¿Otro? Las ejemplares campañas electorales. Que la Niña de San Gregorio se está revolviendo en su paso y bailando por sevillanas a riesgo de tener un dislocamiento de fémur. ¿Más? Que una Hermandad, a la hora de nombrar cargos (que, ¡ojo! en el momento de convocar elecciones quedan cancelados y se renuevan o no, mire usted) no pueda quitar su confianza a alguien porque sus esbirros no creen en Dios, sólo creen en él.

Qué pena me da decir esto a 9 días de la Natividad…no amigos, no nos confundamos, en Sevilla ya no se cree en Dios…esto ya es otra cosa.

4 Comentarios

  1. Sin duda no puedo negar que te gusta tocar temas complicados y en los que a veces es fácil meterse en berenjenales. Hasta cierto punto estoy de acuerdo con lo que expones, salvo por el hecho de que, a mi entender, mezclas varios conceptos. Por un lado tenemos las cofradías como elemento teologal en el que cabría tu discurso, pero por otro lado existe el matiz popular en el que entraría lo entendido como devoción y en él es muy difícil de ajustar qué es lo correcto.
    Evidentemente, hay un problema que ya es de civismo y que los principales culpables están (o estamos, como prefieras) dentro de las Hermandades. Quizás lo que pasa es que no hemos sabido transmitir correctamente los valores que tanto llevamos por bandera.
    Y también, a raíz de tu titular y desarrollo posterior me pregunto: ¿Sevilla alguna vez ha creído en Dios? La pregunta tiene trampa pues creo que sería bueno diferenciar entre creencia y devoción.
    Creo que has escrito un buen articulo que puede llevar a un debate altamente interesante y enriquecedor. Felicidades por exponer un tema que ya va siendo hora que resolvamos.

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      1. Lo he supuesto. Un gancho, pero muy bien buscado y que lleva a la reflexión. Quizás no conseguirás tantos aplausos como un relato anterior que publicaste, pero espero que unos cuántos dediquen unos minutos a leerlo.

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      2. La reflexión ha gustado aunque en el mundo morado se dejan pocos comentarios en los blogs. Lo cierto es que quería que viéramos cómo está derivando todo y como se venden cosas que no se cumplen.

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