Sin cabeza

Anoche me llamó un amigo para avisar yome que había visto mi cabeza en mitad de una plaza. Mientras jadeaba intentando que el hígado no le abandonara saliendo por la boca tras su salida 4 de la fase 0 del estado de desescalada, me comentó que, al principio, dudó que fuera la mía pero que vio ese lunar que tengo en la nariz y ya no tuvo dudas. Era mi cabeza.

Preocupada, levanté el pandero del apoltronamiento de sofá en fase 51 del confinamiento y busqué la cabeza por toda la casa. Era cierto, no estaba. Demasiado liviana me sentía últimamente. Ya me parecía extraño llevar tanto tiempo sin tener migraña y sintiendo que la cabeza y el cuerpo no iba al mismo son. Claro, es que la cabeza no estaba.

No sé cuándo se fue. Desde luego no fue muy considerado irse sin despedirse de mi, después de tantos años juntas. Debería darle un escarmiento y dejarla por ahí para que cualquiera la pueda recoger. Pero no me fío, hay mucho desaprensivo que le puede inculcar a saber qué estrambótica idea.

Ahora me arriesgo a una multa o a la acusación de las vecinas que acechan mis pasos en falso para colgarlo en sus redes, sociales y de mercado, para ir a buscarla porque decía mi amigo que parecía perdida…en fin, ¿quién no lo está en estos días?

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