Felina

Paseo por el pasillo con el compás cadencioso de mis caderas. Un pie delante del otro, me deslizo sin hacer ruido hasta llegar a ti que, ajeno, tomas tu taza de café mientras ojeas algo en el móvil.

Ronroneo mimosa. Enrosco mi cuerpo a tus piernas y te obligo a dejar la taza y el teléfono sobre la mesa. Tus manos ahora no tienen otra cosa que hacer que acariciar mi espalda que se arquea con el contacto.

Dejo que te pierdas en la profundidad de mis ojos y recorro tu cuerpo con mis uñas. Delgadas líneas blancas marcan el camino que recorro.

Soy el centro de tu universo. Como una gata que ha domesticado a su humano, estás entre mis garras y, melosa, desato tu pasión con un breve miau susurrado en tu oído.

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