La atracción

La atracción, al principio, parecía inofensiva y bastante divertida. No había instrucciones de uso ni límites de edad o estatura así que aquello no podía ser más que un trenecito en el que alguna bruja con escoba esperaba dentro del túnel en el que se adentraba la vía. 

Nunca he sido muy amante de estos cacharros, pero, en ocasiones, la vida te coloca ante retos a los que no puedes decir que no así que, sin pensarlo demasiado, metí un pie dentro de la vagoneta y luego el otro para dejarme caer en el sillón y colocar ante mí la barra escueta barra de sujeción. “Si no hace falta más seguridad, no puede ser peligrosa”. Con estos pensamientos, es imposible que llegue a ser pitonisa.

Con una sonrisa en la boca y un cierto cosquilleo en el estómago, la vagoneta comenzó a moverse. Los primeros segundos confirmaban mi teoría de que aquello era un paseo, nada peligroso. A medida que el tiempo avanzaba, la cuesta de subida se fue haciendo más empinada y mi ilusión inicial se fuera disipando hasta que, de pronto, sin previo aviso, la vagoneta comenzó a caer al abismo. Agarrada con fuerza a la barra, capoteé como pude aquel primer envite inesperado de la atracción tratando de mantener mis nervios a raya, se trataba sólo de una atracción de feria, no podría ser peor, ¿no?

De nuevo me equivocaba. Los períodos de calma y ascenso cada vez fueron más cortos e infrecuentes mientras que a los fuertes descensos, se añadieron bucles casi infinitos que ponían a prueba los límites de mis fuerzas. Con la cabeza azotada, el estómago palpitante y las extremidades temblonas, mi vagoneta comenzó a frenar, aunque, la atracción no parecía acabar por el momento, tan solo había enlentecido el ritmo de sus envites. 

He perdido la cuenta de cuántos días llevo montada en esta montaña rusa, las paredes del túnel cada vez se parecen más a mi propia casa y los breves lapsos de tiempo que la vía discurre en el exterior, no terminan de calmarme para volver a la oscuridad del interior. 

¿Cuánto tiempo decía el cartel que duraba este viaje?

 

Relato participante en el “Certamen Microrrelato y cuentística del confinamiento en casa” organizado por la Fundación Ángel Herrera Oria y Proyecto I+D+I: «MiRed (Microrrelato hipermedial español e hispanoamericano
(2000-2020). Elaboración de un repositorio semántico y otros desafíos en la red».

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