el faro

Cuando estoy en la terraza, puedo ver el faro. Quizás por eso decidí mudarme aquí. Lástima que, cuando llegué, el faro ya no alumbraba.

Cada mañana, con mi taza de café, me siento a observar la torre que permanece impasible. No he logrado saber cuándo fue la última vez que alguien la habitó. Los viejos marineros cuentan que, simplemente, un día su luz se apagó.

Hoy me ha parecido ver a alguien en el faro. Ha agitado su brazo, saludándome. He dejado la taza sobre la mesa, cuando vuelva el café estará frío.

La puerta del faro cede. Fuera el mar está embravecido. Vuelvo los ojos hacia mi terraza, pero no hay rastro de ella. Tampoco hay nadie en el faro.

Subo la escalera que me lleva a la linterna. Parpadea. Me asomo a la única ventana abierta, las crestas de las olas me golpean la cara.

Siento presión en mi espalda, fuerte. Mi cuerpo cede a la gravedad. En segundos mi cuerpo se grabará en las rocas. Vuelvo mis ojos al faro y allí está la sombra que agita el brazo, despidiéndose.

La linterna se ha apagado. Un faro sin luz, es el final del camino.

RELATO PRESENTADO AL CONCURSO DEL TALLER “TERRITORIO FICCION” DE COSMOPOETICA 2020.

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