¡Mamá, quiero ser artista!

treintañera en apuros, reflexiones, sueños

Admiro a las personas que siempre han tenido claro qué querían ser en la vida. Como Concha Velasco que, con letra de Augusto Algueró 一marido de Carmen Sevilla, que también tenía claro que ella quería ser pastora一, cantaba en los ochenta aquel popular ¡Mamá, quiero ser artista!…¡oh, mamá, ser protagonista!


Cuando era pequeña, mi abuela vivía encima de un colegio. El colegio de Fátima. También vivía encima de una tienda de bombillas y de un almacén de jamones pero aquello me afectó menos. Era un colegio de otros tiempos. Nunca lo vi lleno de niños aunque recuerdo haber entrado una vez y ver largas bancadas de madera y un mapa polvoriento y desgastado colgado en la pared. Pero sí recuerdo a su profesor, Don Manuel. A aquel hombre le caía simpática esta enana que siempre llevaba lápices y cuadernos de pintar debajo del brazo y siempre me preguntaba a dónde iba, divertido, porque sabía mi respuesta, “a la uvesidad”.
A los tres y cuatro años, yo quería ser “uvesitaria”. Otros niños querrían ser toreros, bomberos, futbolistas, modelos pero yo, tan redicha y tan repipi, quería ser universitaria. Derecho primero; ingeniería informática después 一porque ganaban más y porque los test psicotécnicos de mi colegio insistían en que, menos médico, ATS o veterinario, podía ser cualquier cosa一; Derecho y ADE, al final. Entonces quise ser notaria, la abogacía se me hizo cuesta arriba, tenía demasiados escrúpulos.


Pero la universidad está sobrevalorada 一no me entendáis mal, está tan sobrevalorada como denostada la formación profesional y viceversa一 y desde este momento dejé de saber qué quería ser. Hay quién con cuatro años ya tiene claro lo que es y quién lo descubre a los treinta, como esta treintañera en apuros. También hay quien no llega a saberlo nunca…qué pena.
¿Somos aquello en lo que trabajamos? Unos sí y otros no, mire usted. Hay quien trabaja en un banco y querría ser florista, como aquella simpática mofeta amiga de Bambi.


El hábito no hace al monje o lo hace a medias porque el monje ora et labora. Labora en lo que quiere, puede o le dejan a la vez que ora en su sueño.
¡Mamá, quiero ser columnista!…¡oh, mamá, publicar una revista! Contarle al mundo lo que se me pasa por la cabeza, lo que llevo dentro. Unas veces al más puro estilo Carrie Bradshaw o con la cotidianidad de Máximo Huerta y, otras, al más puro y romántico estilo de Larra 一sin su trágico final, que ensucia mucho一. Y ya, si me pagaran…hasta aquí puedo leer que diría Mayra Gómez Kemp en su 1, 2, 3.
No te voy a decir que lo dejes todo. El emprendimiento y los consejos se los dejo a Mr. Wonderful. Pero, si algo se aprende a los treinta, es que no puedes renunciar a lo que quieres ser. Trabaja pero sueña. Se barrendero pero sigue tocando la guitarra; enseña, educa, pero no dejes de pintar; sigue en tu oficina pero no dejes de escribir. Haz fotos. Compón canciones. Cose. Boxea. Sé.
Olvida el miedo, no pienses que no merece la pena, no te sientas un impostor porque al final, yo soy la suma de muchos yos; tú eres la suma de muchos tús. Recuerda que ya lo decía Tina Turner, “you’re simply the best”. Y canta ¡Mamá, quiero ser (inserte aquí lo que quiera ser)!

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