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El contenido del BOE se había filtrado con alevosía y nocturnidad. Mientras todo el país celebraba la posibilidad de salir a hacer deporte aunque fuera en franjas horarias, el Alcalde de Villalcornoque se echó las manos a la cabeza. El nacimiento de los mellizos de la panadera habían puesto a la población en una circunstancia muy complicada. En apenas una hora de parto, Villalcornoque había pasado de 4999 a 5001 habitantes.

Se fue a la cama con la intranquilidad de no saber cómo explicarle a los vecinos que no iban a poder salir a cualquier hora porque ahora eran dos más. 

Apenas habría dormido un par de horas cuando las campanas tañiendo duelo lo despertaron de golpe. De un salto, salió de la cama y, de un par de zancadas, se encajó en la puerta de la Iglesia. 

—¡Padre Marcelino! ¿Qué ha pasado? -preguntó recuperando el aire perdido en la carrera. 

—¡Ay, el pobre Rogelio! Ha sido una desgracia…se lo han encontrado tirado en la plaza con un cuchillo clavado. 

—¡¿Pero qué me dice?! -volvió a preguntar el alcalde.

—Como lo oye, señor Alcalde. Nadie ha oído nada, nadie a visto nada pero el pobre Rogelio ya no se come las uvas. 

—¿Está la guardia civil ya allí? 

—Los ha llamado Manolo el cartero -informó el sacerdote- ¡Pero, ¿dónde va?!

—A evitar una guerra civil en el pueblo, padre.

Emprendiendo otra vez la carrera, el Alcalde se acercó a la plaza donde dos guardias civiles y algunos curiosos en pijama rodeaban al cuerpo inerte. 

—Sargento, venga un momento, por favor -llamó el Alcalde al guardia con menos aire del que precisaban sus pulmones. 

—Pues el señor Alcalde dirá -preguntó llevándose un dedo a la gorra en señal de saludo. 

—¿Ve aquella piedra de allí? -dijo señalando en dirección al cuerpo del muerto- el Rogelio ha tropezado con ella. 

—Pero, ¿eso cómo va a ser? ¿y el cuchillo? 

—El Rogelio era matarife, no mataba a los cochinos a pellizcones -continuó el Alcalde.

—Señor Alcalde, esto es cuanto menos irregular -repuso el guardia- yo no puedo recoger esa versión sin una investigación formal. 

—Casimiro, por tu madre que es mi tía, que como nos pongamos quisquillosos, no demos de baja rápido al Rogelio del censo y la panadera se vuelva al pueblo con los mellizos, nos prohíben salir sin horario y se lía, Casimiro, se lía. Que no nos ha matado el virus pero nos van a matar los vecinos.

5 Comentarios

  1. Beitavg, está buenísimo, lo mejor que he leído, sin exagerar, dentro de esta temática. Hasta inspira una pequeño cineminuto. Felicitaciones, lo voto y si me dejas, te hago unas observaciones: en la sinopsis hay un “de depende” en vez de ” de repente”, en el cuento dice “tañendo duelo lo desertaron” en vez de “despertaron” y al final dice “si nos nos” en vez de si “no nos”. Cosas mínimas.
    Saludos

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      1. Todo el mundo dice “es que es el autocorrector”, pero nadie dice, “debería leer lo que escribo antes de publicar”.

        La historia es genial.

        Saludos

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