Cuchibirichis

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La abuela Catalina siempre iba por la calle con sus brazos en alto y manoteando como si espantara moscas. Divertido, le preguntaba qué hacía y ella, sin mirarme porque estaba  concentrada en su tarea, me respondía que cazaba cuchibirichis.

Las primeras veces, sorprendido, le pedía que me explicara qué eran los cuchibirichis y cómo podía cazarlos. Ella, bajaba sus brazos para abrazarme con ellos y me contaba que eran unos animalitos mágicos pero muy pequeños y muy traviesos que daban suerte pero no se dejaban cazar.

Después de años sin lograr cazar ninguno, llegué a la conclusión de que los cuchibirichis no existían y que la abuela solo me contaba cuentos creyendo que aún era un niño.

Esta mañana, al salir del sepelio, sentí un aleteo frente a mi nariz y manoteé con intención de espantar al bicho,  pero sus alas se enredaron entre mis dedos. Lo observé curioso, era diminuto, casi invisible, con unas delicadas alitas trasparentes y tornasoladas.

Sin duda era un cuchibirichi. Lástima que la abuela Catalina ya no pudiera verlo.

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