El correo de los martes (5 de mayo de 2026)

Querido amigo lector

Está semana en el taller de escritura al acudo nos mandaron trabajar sobre la literatura epistolar (basada en cartas). Lo primero que pensé es que es un tipo de lectura y escritura que me encanta. Se me vinieron a la cabeza historias como Frankenstein de Mary Shelley, Drácula de Bram Stoker o La caja negra de Amos Oz. Una historia escrita a través de cartas (o diarios) se vuelve más dinámica y atrae el interés del lector.

Pero justo cuando estaba escribiendo mi relato epistolar encantada de la vida, recordé que escribir cartas ha sido algo que siempre me ha gustado.

Durante muchos años, como buena niña nacida en los ochenta y adolescente en los noventa, me carteé con mis amigas del pueblo. Era todo un ritual: los folios; los bolígrafos (me encantaba escribir con tinta de colores); escribir las novedades, lo que te había pasado; hacer tachones o añadir frases y dibujos en los márgenes; bajar al estanco a por sobres y sellos (compraba varios a la vez por si me equivocaba o para no ir al estanco todas las semanas); cerrar el sobre y ese sabor amargo que al humedecer el pegamento se quedaba en la lengua (luego inventaron los sobres que traían el pegamento húmedo y con una cinta encima para no tener que chuparlos); ir al buzón a echar la carta…

Y esperar, porque mandar cartas era un entrenamiento para la paciencia. Correos, que no era precisamente rápido; las amigas, que leían y se olvidaban de responder hasta días o semanas después; vuelta a Correos…

Luego alguien inventó los SMS y los correos electrónicos. Creímos que iba a ser más fácil comunicarse. Al final, todos lo sabemos, los WhatsApp y la mensajería instantánea nos han vuelto esclavos de la respuesta inmediata. Pero no estamos más cerca ni más conectados. Y, sobre todo, somos menos pacientes.

Había quienes, además, tenían amigos sólo por carta. En las revistas juveniles había anuncios para cartearse con otros chavales de la misma edad, con los mismos gustos musicales, pero se otras ciudades. O las personas mayores que buscaban amor por mensajes escritos.

Muchas veces he estado tentada de volver a enviar cartas a mis amigos. Pero no lo he hecho convencida de que nunca habrá respuesta. Tampoco sé ya sus direcciones, muchas cambiaron de casa, de teléfono y hasta de personalidad.

Supongo que, si habéis logrado llegar hasta aquí, estaréis preguntandoos que a qué viene toda la parrafada y es que sigo queriendo escribir cartas y me ha parecido buena idea escribírosla a vosotros, a los que pasáis por aquí. No he querido que sea una newsletter porque no quiero que os suscribáis, quiero que la encontréis por casualidad y, si os apetece, respondéis por comentarios, por correo… como prefiráis (me ha venido a la mente la última parte de la canción de Celtas Cortos «Veinte de abril» así que si te mola me contestas).

Lo dicho, hasta la próxima amigo lector que, si todo sale como quiero, será el próximo martes. Aunque la vida no siempre sale como queremos.

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