Cruce de Caminos VIII: La mejor amiga

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Me las encontré en el centro, junto a la casa del vecino más ilustre de San Lorenzo. Era por la mañana aunque no demasiado temprano y el calor apretaba más de lo conveniente, cosas de las olas de calor. La pequeña bodeguera daba juguetones saltitos junto a su dueña que le preguntaba insistentemente qué camino quería coger.

¿Hacia la plaza? ¿A la Alameda? Decídete, izquierda o derecha…y milagrosamente, la acompañante miraba hacia su izquierda y levantaba su patita como queriendo señalar hacia la plaza del Santo con el que, junto con su parrilla, tantos nos identificabamos ese verano.

Me giré un segundo y las vi avanzar por la calle mientras seguían con su alegre charla.

De vuelta de mis recados volví a verlas. Tomaban un reposado café en la plaza poniéndose al día de sus quehaceres diarios. Ajenas a los ojos que la miraban con el recelo que se mira a los locos, la mujer daba breves sorbos al, quizás, demasiado caliente café mientras continuaba su charla con la pequeña bodeguera que la miraba con ojos de comprensión y de entretenimiento, sólo le faltaba hablar.

Me senté en una mesa cerca de ellas sólo por el placer de observarlas, como hacen también los locos pero quizás unos muy distintos, los psicópatas que observan a sus víctimas como un lobo a sus presas. Pedí mi café templado como acostumbro, causa perdida, lo templado es frío o es caliente, no existe término medio, toda una metáfora de la vida en la que parece que no hay lugar para el centro y los polos opuestos cada vez se atraen menos y se repelen más.

De vez en cuando la pequeña compañera daba un ladrido ni muy alegre ni muy enfadado que provocaba un giro en la conversación como si de una conversación de vecinas al fresco se tratara.

Las dos amigas reemprendieron su paseo, quizás fuera la hora de “los mandaos”. Pagué el café recordando por qué no visito con más frecuencia aquel lugar y me marché con el soniquete de las bienaventuranzas en la cabeza pensando que, tal vez, faltaba una que dijera “bienaventurados aquellos que tienen a un perro por amigo porque sólo ellos conocerán la amistad sincera y desinteresada”.

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