La caza

Al traspasar las 270 atmósferas que separaban TR253Y de la Tierra, las naves colonizadoras se volvieron más y más pequeñas. Fue con la atmósfera terrícola cuando su tamaño disminuyó a niveles microscópicos. 

La misión, en aquella primera etapa, era clara. Se trataba, simplemente, de colarse en los organismos llamados terrícolas y, quizás, en algún otro ser viviente del planeta que pudiera servirle para sus fines. Los colonos debían dirigirse a alguna zona superpoblada, por aquello de la facilidad para acceder a los organismos, y soltar la carga de los depósitos de las naves. 

Una misión kamikaze pues ninguno de ellos volvería con vida a TR253Y pero siempre serían recordados como héroes. Aquellos pilotos habían sido seleccionados entre las mejores mentes del planeta. Preparados y entrenados, dejaron atrás sus casas y sus vidas para convertirse en la salvación de su tierra. 

La travesía no fue fácil. Nunca pensaron que lo fuera. Atravesaron atmósferas, esquivando meteoritos y lluvias de estrellas infernales. Algunos quedaron por el camino, bajas previstas, pero la mayoría alcanzaron su destino, las naves invadieron el mercado contagiando animales, vendedores y clientes. Nadie lo notó, la carga viral de las naves fueron tomando los cuerpos terrícolas y la propia naturaleza humana hizo el resto. 

La enfermedad se extendió rápido, sin control. El terror se adueñó de los pasillos de los supermercados, como un tsunami que se extendió dejando vacías las estanterías. Las autoridades sanitarias mundiales recomendaron a la población sana que se recluyeran en sus domicilios con la única salvedad de comprar provisiones aquel virus y el encierro había levantado el apetito de la población.

La última etapa ya estaba en marcha. Desde el centro de control de TR253Y siguieron con atención los acontecimientos de la Tierra. Los ingenieros trabajaban contrarreloj preparando una nueva hornada de naves. Había llegado la hora de la verdad, ya no había vuelta atrás, los terrícolas estaban confiados con la posibilidad de curación mientras rellenaban sus pellejos de comidas basuras. Las naves, preparadas para atravesar las atmósferas sin peligro, avanzaron por el espacio mientras los terrícolas devoraban kilos de donuts y churros. 

Redondos, salieron de sus casas el día que se levantó la cuarentena, pasos pequeños y cansados tras los días encerrados en pequeñas viviendas con poco espacio y muchos muebles. Desde las naves, el ejército de TR253Y, vio rodar a los terrícolas. 

La misión había acabado, empezaba la caza.

42 Comentarios

  1. Se ve que el Coronavirus inspiró a más de uno, en este homenaje a Ray Bradbury. Buen relato, trágico final para la tierra y muy desesperanzador. Ojalá sea solo eso, un relato de ciencia ficción. Saludos cordiales desde Venezuela.

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  2. Hola, Beatriz.
    En un lenguaje impecable nos anuncias nuestro final y, parece ser, la salvación de otro mundo, aunque su objetivo no queda claro tiene toda la pinta de que los primeros invasores han llegado para cebarnos . Me ha echo gracia eso de “Redondos, salieron de sus casas el día que se levantó la cuarentena, pasos pequeños y cansados tras los días encerrados en pequeñas viviendas con poco espacio y muchos muebles.” Avisados quedamos.
    Buen relato. Saludos

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  3. Hola, Beatriz. Desde luego esta realidad nuestra parece sacada de una película de ciencia ficción… Muy buena historia y muy buen final con esa pizquita de humor en torno a los terrícolas gordos y redondos 😉 Besos y mucha suerte en el Tintero.

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  4. Habrá que empezar a comer mas sano y menos bollería para escapar de estos decididos, aunque peligrosos, invasores. Me ha parecido un relato más que interesante. Espero poder seguir leyendo más escritos tuyos. Ánimo y éxito.

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  5. Una visión muy particular del maldito bicho que nos tiene encerrado en nuestras casas, pero totalmente posible pues a ver los kilos que hemos engordado cuando al fin podamos salir a la calle je, je, je.
    Un saludo y cuídate. Sin comer en exceso, ¿Eh?

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  6. Un relato redondo. Sinceramente, chapeau. Estilo directo y claro, “al pan pan y al vino vino.” Qué habilidad la tuya, Begoña. Leer es sin duda disfrutar, emocionarse, sentir, sufrir… Pues esto último, me has metido el miedo en el cuerpo con el ejército de TR253Y o como se llame. El final de 10, pero cruzo los dedos para que no ocurra, me da “yuyu”. Lo tenemos tan cerca.
    ¡Suerte en El tintero!

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  7. ¡Madre mía Beatriz! ¡Qué terrorífico! Tienes un aimaginación maquiavélica compañera :))

    Inicio, nudo y desenlace con coherencia narrativa.

    P.D. Se me ha quitado el apetito 😉

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  8. Qué espanto, me digo confinado y un donut en la mano, si es que estoy presenciando lo que estoy viviendo con desenlace incluido, je, je.
    Muy imaginativo y adaptado a la surrealidad real de este momento, y todo eso con una narración fluida y cuidada.
    Me encantó. Mucha suerte y cuídate, pero del verbo comer bien, XD.
    Un abrazo.

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  9. Hola, Bea. Nos sorprendes con una ingeniosa historia sobre un tema de terrorífica actualidad. Visto lo visto, no se descarta ninguna hipótesis por fantasiosa que pueda parecer, la realidad actual supera cualquier fantasía. Un plan retorcido pero efectivo para dominar la Tierra, con esa tremenda imagen final de los humanos convertidos en Donuts gigantes.
    Mucha Suerte en El Tintero. Un abrazo.

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  10. Hola, Beatriz, compañera. Menudo relato apocalíptico has creado basándote en la dolorosa experiencia que, por desgracia, nos está tocando vivir, sin que sepamos aún o podamos vaticinar siquiera hasta cuándo será. Tu historia está tan bien hilvanada que da miedo, del de verdad… Gracias por compartirla con nosotros y enhorabuena.
    Te deseo suerte en el concurso y te envío un fuerte abrazo, virtual, que no conlleva riesgo alguno en estos tiempos de zozobra.

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  11. Al final todo esto es porque nos estan cebando, o mas bien nos estamos autocebando nosotros mismos. Creo que no me comeré nada de bollería esta cuarentena, por si acaso, solo ensaladas y fruta, a ver si me libro. Una original visión de la pandemia, con un final apocalíptico que asusta solo de pensar en él. Mucha suerte en el Tintero, Beatriz, y cuidate en estos tiempos. Abrazos.

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  12. Una forma muy original de plasmar con palabras la invasión de los virus, se nota que el confinamiento te sirvió de inspiración.
    La esperanza está en el final aunque sea más gorditos todos, el caso es que nos abran la puerta
    Un abrazo Bea y suerte en el concurso

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  13. Hola Pilar, ¡con que este es el objetivo que nos espera!, vaya, pues hay que pensarse qué comer. Lo de la bollería descartado. Un relato que refleja esta actual situación. Ya queda menos compañera. Salud.

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  14. Bueno, pues, ya tenemos otra teoría sobre el origen del coronavirus, aunque esta es mucho más ingenosa, ja,ja,ja.
    Si la existencia de vida en nuetro planeta se debe, según algunos, a una experimentación llevada a cabo por seres de otra galaxia, que plantaron las semillas de la vida en nuestro planeta y nos visitan, de vez en cuando, para observar cómo evoluciona su experimento, ¿por qué no pordrían también inocularnos cualquier microorganismo para comprobar nuestra reacción y capacidad de supervivencia?
    Un abrazo y suerte.

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  15. Si al final el cantor tendrá razón cuando decía: Una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar.
    Un relato ligero con cierta dosis de humor, pero espero que no premonitorio.
    Un abrazo.

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  16. Ingenioso relato inspirado en la pandemia que asola nuestro planeta tierra, pero que bien podría estar “orquestada” por ingenieros de otra galaxia para controlar a los terrícolas y “cazarlos” más fácilmente engordándolos a base de comida basura.
    ¡Ojalá no llegue nunca ese día apocalíptico! porque nos cazarían como moscas si no aprendemos a alimentarnos de forma natural.
    Mucha suerte en el Tintero para ti igualmente.
    Un abrazo.

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  17. Hola, Beatriz, me ha gustado mucho tu relato, aunque espero que no sea una profecía. Si me dejo llevar por este aspecto, diría que más que un CIFI es un relato de miedo. Le has dado ese toque que lo hace inquietante. Un abrazo.

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