Carta a la No Pregonera

Buenas tardes querida,

Llevaba meses sin pasar por este rincón de reflexiones pero me ha parecido justo pasar un rato por aquí para dedicarte unas palabras, no muchas, tranquila.

Esta ciudad de viejas del visillo ha puesto en la palestra tu nombre como el de la “pregonera que pudo ser y dijo que no” por lo que, a estas alturas de la película, nadie desconoce quién eres, pero yo prefiero callarlo, dejarlo en el “presuntamente” que tanto gusta en tu profesión y hablarte, simplemente, de cofrade de a pie a cofrade de alcachofa…o mejor, de mujer a mujer.

A nivel personal, tu medio no es el mío de cabecera, pero lo sigo para estar informada y conozco tu trabajo que me gustará más o menos, pero ten por seguro que hoy no me he decidido a sentarme al ordenador para alabar o criticar la forma con la que te ganas el pan. Pero sí puedo decir que te veo como una mujer cercana y a la que le corre el gusanillo de esta bendita ciudad al igual que a mi. 

Cuando leí por primera vez tu nombre, no me gustó, lo reconozco. Una es impulsiva por naturaleza pero, gracias a Dios, una se calla y no escupe en 140 caracteres lo primero que se le pasa por los dedos. Preferí leer todo lo que se decía y reflexionar, pensar tanto que hoy estoy aquí hablándote de tú a tú y sintiendo que, pese a todo, creo que te has equivocado.

Sí, como lees. Creo que te has equivocado.

He leído que para dar un buen pregón hay que saber escribir y hay que saber hablar. Sí. Y no. Lo siento, pero soy una romántica de los pregones y estoy cansada de versos alejandrinos perfectamente escritos o perfectamente leídos pero que no son capaces de remover lo más profundo que hay en mí. He leído que si nos creemos que un pregón lo puede dar un albañil y ante esto, prefiero no ir más allá que el hecho de que Miguel Hernández cuidó ganado. He leído que este ya no es el pregón de nuestra ciudad, que tan sólo es el pregón del Consejo y como tal, se eligen candidatos ávidos de protagonismo o de croqueteo (ya sabéis que sin croquetas no hay paraíso) y que mejor nos dedicábamos a ir a los besamanos por la mañana, que ya habría tiempo de ver la repetición del Pregón en alguna TV local por la tarde. He leído que era el momento de dar un cambio radical, tal vez con el sexo, aunque a una mujer no le sentara tan bien el chaqué…He leído que, quizás, los pelos largos, ya no estorben en el atril…

He leído tanto…que sigo creyendo que era tu momento.

Era tu momento porque sí creo que es el momento de que una mujer como tú llegue al atril del Maestranza, o del FIBES, o del Central, o del recinto dónde quieran celebrarlo. Pero no busco una reflexión heteropatriarcal, y si lo has pensado, olvídalo.

Como te acabo de contar, creo en los pregones en su versión más romántica, una exaltación de esto que tanto amamos, la Semana Santa y nuestra ciudad y si tanto dicen que tu hablas como las madres y abuelas, yo quiero un pregón de madre o un pregón de abuela porque ellas son las que nos enseñaron a amar a nuestros Sagrados Titulares, cada uno el nuestro (los míos Cautivo,  Mercedes y Esperanza, la de barca y remo, los tuyos los desconozco pero debo reconocer que se te ve un poco el plumero en el Cerro). Yo quiero un pregón de madre o de abuela, porque ellas nos enseñaron a valorar cada una de nuestras tradiciones, porque ellas han planchado con esmero nuestras túnicas, nuestras albas, porque nos han llevado de la mano, porque nos han enseñado a rezar, porque nos han acunado cantando coplillas a la Virgen. 

Yo quiero un pregón de madres o abuelas porque sin ellas todo sería mucho más frío, mucho más oscuro, mucho más triste…porque sin ellas no habría Santa Ana ni habría María. 

Lo siento, pero creo que sí era tu momento, era el momento de volver a los sentimiento y no a los ripios. Era el momento de hablar desde el corazón y para el corazón. Era el momento de que hablar del Hijo como lo haría la Madre. Era el momento de hablar de Sevilla como lo harían los barrios. Hablar de Dios, como del vecino más antiguo de San Lorenzo.

Lo siento querida, pero sigo creyendo, que habría sido tu momento.

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