Cruce de Caminos XVI: Conciliando

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Me la crucé en mitad de una avenida donde el sol no daba tregua a nadie.

Lucía un uniforme con pantalón largo y tal vez grueso, camisa de mangas largas y chalequillo multibolsillos encima, arrastrando su pesado carro amarillo. Quizás nada me hubiera resultado extraño en aquella pequeña cartera, más allá de su caluroso uniforme si no hubiera sido por la compañía que llevaba.

Caminaba quizás hacia el final de su jornada y, junto a ella, andaban dos niños. El mayor quizás tuviera 12 y el pequeño unos 8. Se notaba que eran una familia porque charlaban de esa forma tan peculiar que tienen las madres de explicar a los hijos las cosas cotidianas como que debían comprar el pan a la vuelta y preparar un arroz a la cubana, no había tiempo para más.

Me llamaron la atención y me recordaban a esos “días de llevar a los hijos al trabajo” pero luego recordé que estaba en España y que eso tan sólo pasaba en las series americanas. Aquí la realidad se llama conciliación y debe ser como las meigas que “haberlas, haylas”.

La realidad era que en este verano que va llegando a su recta final, aquella mujer no contaba con ayuda para cuidar a sus hijos y, con una valentía sorprendente, los había cogido y se los había llevado con ella. Las facturas no se pagan solas y las vacaciones para padres o para hijos son asuntos muy diferentes. Mientras para unos es tiempo de descanso, de diversión y de crear recuerdos imborrables para el mañana, para otros es tiempo de buscar la cuadratura del círculo para poder prestarles toda atención que necesitan.

Me sentí frustrada por ella. Por un momento me ví en su piel, sabiendo que nuestra sociedad nos coloca sobre el filo de una navaja: trabajar para vivir y tener que elegir entre trabajar o criar dignamente a los hijos. Pensé en todas las personas que, como ella, no contaba con ayuda. Pensé en lo triste que es que esa madre descansase la semana que viene sólo al pensar que sus hijos estaban en el colegio, ya no sólo por su educación sino por su cuidado porque no, a ella no le estorbaban sus hijos, ella sólo tenía que trabajar para darles lo mejor.

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