Fin de curso

—¿Tú ves normal sacar estas notas, Leocadio? —La voz de mamá sonaba realmente enfadada.— Esa academia de magia nos cuesta un huevo de dragón y parte de otro cada año para que tú malgastes el tiempo. 

—Lo siento, mamá, yo… —No me dejó continuar.

—Lo siento, lo siento… tú todo lo arreglas con un “lo siento”. Eso lo habrás aprendido de tu padre. —Papá levantó la cabeza por encima del periódico y bufó cansado. —Vamos es que has sacado un cero en vuelo de escoba. ¿Cómo es posible?

—Bueno, mamá…si yo tuviera una escoba…

—¿Cómo que “si yo tuviera una escoba”? ¿Y la tuya? —La cara de mamá pasaba de su estado normal a roja y de roja a dragón humeante con pasmosa facilidad.

—La mía…pues…se la vendí a Eulogio a cambio de una mandrágora chillona. —A estas alturas, mamá ya solo tenía cara de dragón. — Y cuando llegó el examen, el muy desgraciado no me la quiso prestar así que tuve que usar la aspiradora de la limpiadora del colegio y, claro, no es lo mismo…el cable se enredó en un árbol y, bueno, el resto ya lo sabes…

La boca de mamá se abrió, pensé que quizás me diría algo pero de dentro solo salió una llamarada intensa que logré esquivar. El periódico de papá no corrió tanta suerte.

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