Querido amigo lector, hemos empezado junio.
El nuevo mes ha empezado con la misma calor que se despidió mayo (sí, la calor, porque una cosa es el calor que es hasta cierto punto tolerable y otra muy distinta, la calor, que es algo completamente insoportable).
¿Recuerdas aún cosas que aprendiste en el colegio? De vez en cuando se me vienen a la cabeza cosas que aprendí de niña, como el barbecho cuando voy por la carretera y veo campos baldíos junto a otros con cereal y con girasoles. O como la propiedad conmutativa de la suma que nos enseñó que el orden de los factores no altera el resultado.
No es lo mismo una pelota vieja que una vieja pelota
¿Podríamos aplicar esta regla al lenguaje? Cada vez más gente, por la influencia del inglés, está empezando a poner los adjetivos delante de los sustantivos. Reconozco que algunas veces he pecado en mis textos pensando que quedaba más poético, aunque la realidad era que no aportaba nada al texto y, a veces, podía provocar el efecto contrario al que quería. Por eso, he llegado a la conclusión de que no siempre el resultado que nos da es exactamente el mismo, ¿no crees? Porque a mi me parece que no es lo mismo una pelota vieja que una vieja pelota.
No, para el lenguaje no siempre viene bien la propiedad conmutativa. Otro ejemplo sobre el que he pensado mucho estos días después de decir adiós a una persona cercana demasiado pronto, es que tampoco creo que sea lo mismo una buena mujer que una mujer buena.
Cuando elegimos colocar el adjetivo delante, el foco lo estamos colocando en las cualidades como mujer y estamos diciendo que cumple los requisitos para considerarla digamos apta, de alto valor como dicen ahora en las redes. Ser una buena mujer supone pasar el examen de sexos que hace a saber quién. Pero en cambio, cuando colocamos el adjetivo detrás, la fuerza la ponemos en la cualidad que esa mujer tiene como persona.
Tampoco creo que sea lo mismo una buena mujer que una mujer buena
Viendo como está el mundo, creo que es un lujo que al despedirnos de alguien lo recordemos como un hombre o una mujer buena que al revés. El mundo necesita personas buenas, mujeres y hombres buenos que hagan la vida más bonita, gente con la que podamos sentir que sigue mereciendo la pena este lugar en el que, al final, todos estamos de paso.
Espero que pases tengas una buena semana, la mía, al menos la laboral, será corta. Nos leemos el próximo martes.