El correo de los martes (16 de junio)

Querido lector, ¿cuánto dura el miedo? ¿Cuánto tiempo pueden hacernos daño las personas con las que, en algún momento, hemos compartido un pedazo de vida?

Esta semana quería hablaros de los fantasmas del pasado, esos entes que un día lograron hacernos daño o, incluso, destruirnos casi por completo. ¿Cuánto cuesta sanar? ¿Se hace por completo o siempre queda un rincón en nosotros donde el miedo y el dolor vive agazapado esperando un momento para volver a asaltarnos?

Mil veces he repetido aquello de que no nos daña quien quiere sino quién puede, pero otras mil me he replanteado ese poder que esas personas ejercen en nosotros. Podrán pasar años que en un segundo, nuestra fortaleza de naipes caerá. Es muy difícil que alguien no pueda hacernos daño si quiere porque ese dolor es como el agua que siempre va buscando su sitio.

Podrás creer que has superado, que has olvidado, pero volverás a sentir miedo, a sentirte culpable por dejar que te vapuleen de cualquier forma. Porque la víctima siempre se creerá culpable por haberse dejado.

¿Has sentido ese miedo ante alguien? Ojalá que tu respuesta sea que no y que esto que hoy reflexiono contigo te suene tan lejano que creas prácticamente imposible que sea verdad. Porque ese daño que empieza en la cabeza arrastra el cuerpo y acaba con las fuerzas. Cuando lo sientes, antes de poder enfrentarte a él, te ves obligado a bajar los brazos, a rendirte.

Sólo cuando te has rendido puedes renacer, como ese mitológico Ave Fénix que nacía, una y otra vez, de sus cenizas.

Espero leerte y volver a vernos en la próxima carta. Un abrazo amigo lector.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.