Loca

Loca.

Sé que me llaman loca.

Lo escucho en los cuchicheos de las criadas y en las chanzas de los soldados. Me llaman loca y me lo van a quitar todo, lo sé, lo siento en mis entrañas, es como una garra que tira de mi matriz y me hace perder el sentido. Los siento a todos pulular a mi alrededor y sus juegos van carcomiendo mi alma.

Piden que me entregue a Dios, al mismo Dios que me ha abandonado en medio de esta jauría y ante el que juraron amarme sin ser cierto. No, no estoy loca ni tampoco voy a sucumbir a ese ser al que mi madre consagró su vida.

Me llaman loca, enferma, sin percatarse de que son ellos los que causan mi mal. No hay un demonio dentro de mi cuerpo, hay una mujer más reina que madre, hay un padre que me usa y un marido que aplica el derecho de pernada en cada rincón de mi casa incluso en el tálamo que debía compartir solo conmigo. Y hay un hijo, nacido de mis propias entrañas, que no es más que un ser carroñero que desde que fue engendrado ha ido corrompiendo mi carne y mis humores.

No, no estoy loca, estoy usada, ajada, maltratada y humillada. Estoy sola aún hallándome rodeada de personas que dicen servirme. No quiero obediencia ni pleitesía, tan sólo busco un pequeño gesto de amor. Pero en vez de abrazos encontraré encierro y en vez de palabras dulces me lanzarán injurias. Quizás acabe por volverme loca, quizá consigan que pierda la cordura y me arrebatarán también el alma.

¿Quieren mi trono? Que lo cojan, ni lo necesito ni lo quiero, son ellos los que me lo imponen. Pero no, no estoy loca aunque a veces desearía estarlo para, por lo menos, no darme cuenta de que me odian.

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